miércoles, 1 de diciembre de 2010

LA VERDAD DEL ASUNTO




(desde: <Informe de campo>)

LA VERDAD DEL ASUNTO




(69 versos para un privado)



En este espacio, vacía, yo espero
agitando el devenir de este instante:
un soñante que sepa acompañar:
Sorbo la noche, me muestro ligera
y sueño la llegada de un extraño:
Un ángel sopese mi tiempo, y beba
y afirme, la ficción de mi dulzura.

Como novia, me agito y me conmuevo
entre otras esperanzas que se agitan.

La noche se alarga y languidece.

Me excita si alguien llega y lo miramos.

Un sugerir de muslos y sonrisas.
Un sentarse pendiente del intruso.
Un vaso que asegure la zozobra.
Un tiempo de romance apresurado.
La noche que se alarga y nadie surge.

El instante de velo que se esfuma
cuando la luz oscurece y perturban
la penumbra: ya se hace más oscura.

¿La impiedad en los tiernos que me esperan?

Alguno que a mi lado se estremece:
invita tiempo finjo, de sonrisas.

Sécase mi centro. Arden mis manos.
Mi vientre duermo. Mis labios sonrío.

Otra noche en que oscuran los deseos
muertos, desatados y dormidos vivos.

Y si es necesario una blanca entrega:
armo mis muslos, mi vientre, mi lengua,
des-mudo mi piel, mis manos inquietan.

Ofrezco mi centro ya desarmado
al duro contacto de ávidos tiempos.

Y si al sentir me invaden y perpetran
aseguro el sustento de mis años
imitando el jadeo de su gozo:
acelerando el ritmo de cadenas,
la noche se enflorece de relámpagos.

A veces alguien viene de retorno.
Retornando mi suerte si es que atrapo.
Hay el dejo de dicha en su llegada.

Recuerdo tiempo inundo de ternura.

Cuando el sol aun lo era para todos.

Conocía el sabor de la mañana.
La esperanza prejuzgaba de la vida.
Era mi cuerpo ajeno él solo mío.
¿A qué hurgar el comienzo del cansancio?

La noche llega en ratas de colores
negros, enristran sus rudas más garras
que debo alegrar: mi sonrisa fresca
presta, rasguñan mis dudas cortadas.

Ya baile, ya beba, yo oculto mi duelo:

ofrendar soliciten mi ternura
secreta, en sillas dispuestas al caso.

Es la noche luminosa, sedienta.
Es la música que vela mi llanto.
Es mi cuerpo que exige mi ayuda.

Ah el ritual pavoroso y rentado.

Bueno, nada podría prolongarse
tanto, sin volver mi extraño en ardor.
La noche siempre llega esperanzada.

Alguien ya vino. Alguien llegado.
Alguien me anuncia el ser elegida.
Aquí entre mis pares soy la bendita.
Alegro mi voz. Mi piel que la sienta.

Ritual de caza / la presa en acecho:

A él solo miro. Hay nadie que exista.
A él solo ofrezco aromas de lucha.
En privado es siempre el fin de esta guerra.

De la noche en vergüenza, y en secreto,
ansiosa espero repetir el encuentro.




1 comentario:

  1. Maravilloso y sutil poema erótico, que lenguaje y ese dejo melancólico. Hermoso poema.


    ana rosa

    ResponderEliminar