sábado, 19 de octubre de 2013

VOTO POR LA MORENA (de: Algo como Eso)

 
 
 






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VOTO POR LA MORENA






No apuran las blanquísimas con sus deliciosas pecas delicadas
paraísos turbios y fríos, sus estratégicos lunares a punto
y tan resaltantes
carbones rosados de calor marchito y lágrimas
como invitantes marrasquinos al saboreo del abandono.

Definitivamente no, y gracias doy a Dios,

–      Sí, doy gracias –

que me hayas tocado, morena,
morena y requemada   / bruja
cuando alegando de arenas cansadas volviste
de Zapallar
volviste de ese mar de espermas
volviste con al menos cinco descargas oblicuas
por escapada luz zapallarina, que no me cuentas
como si el silencio fuera realidad
en cambio,
sonrío como que cuenta no me doy
en la realidad del silencio y la sutileza que se esparce
en la blancura.

Porque gracias me tocaste morenaza
retostada, de tanto atender atardecida, de tanto navegar
las tendidas en velas amorteciendo
dándole a la lengua tramposa, dándole a compartir, teatros
o tu sombraje númeno, experto y hábil
mantis cariñosa, escuchando el oleaje
como mar de esperma ardida.

Si hubiera alabanzas de las blanquísimas etruscas
te portentarías enviada: al Experto
al enardecido etéreo fenicio o vespertino:
De esos graciosos y dramáticos
y a medias con la sutil moral tan azulina.

A mí, con que seas morena y tengas el deseo de bandera
como colas argentinas
la destreza de la brisa en armas, así como tú tan parada
lo tienes de sobra
y llapa
tan ultrajadora de la gravedad
tan al tope en la mesana
me sobra y basta.

Pero no las altas blanquiñas etruscas
las babilónicas, las a cuerda,
esas resuenan con el Experto en símbolos
que sí cree, pareciera,
en su Dios blancucho y difuso / estelar y físico
y las oscuras correspondencias
de una estrella flaca ominosa
y una gorda aventura de delicias.

¿Yo? ¡No!

Que me las den caras:
el atrape en llapa del azaroso destino
como por imprudente prudencia en el agobio más estricto:

Las morenas fieras
las zapallarinas
las ateas requemadas.

Las de café con piernas
y privadas
las únicas
las exclusivas.
Las exquisitas.

Las que soliviantan
hasta esa bazofia alumbre que nos dieron de comida
por los internados y las calles.