sábado, 22 de enero de 2011

COMO PARA NO PONERLE TÍTULO (el 41 de: Acerca de Naufragios)













(desde: <Acerca de Naufragios>)




41


COMO PARA NO PONERLE TÍTULO
                                                                                                     (a S. F. P.)


No fue en un reino junto al mar
o tal vez / lo sería?
Porque el mar es la inmensidad de la vida
y el espejo de la muerte.

Aún de aquella que no fue
por el temor de las olas
o el rumor de los pinares
donde permanece tu sonrisa, o calla.

Y no acoge la ciudad:
de cuadrícula inclemente o vacía
o con dedo apunta y corroe
o extraña.

Ah, tú, Tú,
que en ti las noches futuras murmuran
y esa agua era menos inclemente
cuando el cemento
o la espera.

No. No lo fue, ¿quién no lo querría?
en este reino junto al tiempo,
esa noche de océano y quietud / o ajena
que atrapa la luz o libera confusa,
que si hubiera, en vez de páginas en blanco
páginas en vivo serían.

Si a tu espuma allegada, esa fijeza en dulzura,
hoy, la brisa o tu presencia
de luna entera, o cruz,
y no horizontes, o permanencia ciega, tu sonrisa.
Esas fijezas de oscuro en blancura
en la duda memoria.

Cómo, cómo saber que la luz de tus ojos
cómo haberlo sabido, si la diferencia
radiantes de oscuros?

Corza inquieta o mariposa que visita.

Cómo, cómo no haber sospechado
la hondura.
Tu transparencia.
Ah, los destellos de tu certeza como hacia adentro
como puerta.
Como campanadas que conmueven
una línea,
y el presente en destierros / y la torpeza.

Hay momentos que no imaginan.
Hay la delgadez de su fijar lo entreabierto,
y la flacura de una ciudad que pudo ser
y ya no acoge.

Porque la diferencia entre memoria
y presente / como infinita.

O el agobio del rechazo, o la huida cierta.

Cierta como torpe telaaraña de mirar
sólo lo que tiembla
o en lluvia de la ciudad dormida.

Todo, todo el tiempo, una trampa
de lo sombrío incierto o ausencias
donde el rastro, líneas del retorno
no atrapan
porque no hubo un pedir
permanencia
o hubo un callar
de pedida.

Alguna vez el mar desacogerá el agobio.
Alguna vez los bosques, más que sombras o retornos.
Alguna vez la ciudad cuaje. ¿Cuajaría?

¿pero ya, / qué tanto importe?

Cómo, cómo no haber sospechado
de orquídea esas luces negras
dos, solo dos, y suficiente,
sobre tu campana entreabierta
tan concreta, / o extraña cuando
que ya ni polvo siquiera?

Y ahora el mar permanece, ahora
y el pinar susurra. Ahora.

Y hay quien escribe.
Y hay quien debió haber vivido.
Y hay la palabra calla.

Como una campana de avispa que no vislumbra
su orquídea, o ciega o en trampa indecisa.