martes, 22 de octubre de 2013

DECLARACIÓN I (el 36 de Algo como Eso)

 
 





desde: Algo como Eso


36
DECLARACIÓN I



También yo las preferí.
¿Algo incomprensible ensoñar las marejadas?
¿Acaso no nos llegan más profundo, de la tempestad,
sus violencias
que apenas dulcesilla brisa de verano?

Escoger está en la base de nuestro pacto con el Diablo,
nos obliga a que sólo 3 para dos, de entre lo arriba
y lo abajo, formen lo macizo de nuestros deseos
ya satánicos, o de los otros, como cuando nos extasiamos
con rosas o con ésas de más de 30 kilos.



Busquen lo doméstico tranquilo sus predecibles grises y tedios
construyan mausoleos familiares, como casas
para hormigas y geranios
aparten metros cuadrados en el Parque del Dormido
del mercado hagan Dios y su eminencia resguarden
porque Dios designa que libremente te jorobes
o te exhaustes buscando la dicha inalcanzable


pero a mí,
a mí:

Ah la pasión y los celos:
                                       quien comparte su amargura
aquella visión de piel curtida
extermina el recato / la mesura encabrita:
Señalando la libertad del azar y lo azaroso de lo libre:

Ring, riiiiing.

Ah, de ésa por quien colas hacen en lo arduo de la espera
los espejos con ojos y las sombras movedizas:
esa gracia concedida:

De esperanza más desolada que
dormir en lecho de río caudaloso, seco, en día de tormenta:

Riiiiiing. Riiiiiiiiiiiing.
(a ver si logras escapar antes que puedas optar por otra
alternativa)

Ésa que tiene
de clientes la lista más larga
de reposos la noche más corta
de placeres la agenda más trabajosa.
Y en su jaula grillos confidentes.

Cosa de seleccionar a dónde va la mirada:
(Como con esa ayudante en monetaria de la falda corta
rodillas hiperbólicas y pizarrón que optábamos por mirar poco).

Un masaje erótico, una francesa ritualista
un contacto.
Todo incluido en el precio o rebajado
si solo media hora en desatino: media hora de segundos
como fuegos.
Las preferencias reveladas indican el gusto por lo escaso.

Decir de práctico marginalista que ya no duda:
el precio justo? ya el servicio que se espera
con valor agregado / de llapa
el marketing salvador ilusiona y atrapa, arrasa
contiene, agita y justifica lo técnico:
el acrecentamiento de los bolsillos.

Es justo que recibas lo que esperas
y des, la gracia universal: la mentada, por los libros.

Vivo sus penas abiertas.
Muero sus discretas dichas.

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing.

El bosque no la acoge
sus agonizantes chillidos terrorizan su memoria.

Para mí la más maraca.

Porque todas son maracas dice la Inesita
cuando pavoneo inexperto el paso
por el camarín de las chicas.

Toc    Toc     Toc     /    como ecos conciensudos
o llamados de esa espada

TOC     /    y cuánta la urgencia en la ceniza

“Ésa golpió justito” en la pública campana
“Ahora haigo que tienes que hacerle todo de nuevo
Cual miseria renovada o rabia dulce y altanera.

Ella el talán talán recuerda de
la solitaria locomotora a vapor por el sinuoso
camino de Plegarias.

La más celosa y parca.
La más ducha y fría.
La más calentucha y experta máscara en ardores y tinieblas.

Aquí sí. Aquí vale la pena.
Aquí uno sabe, sí,  /  a qué viene o mira.
Cierto:
como que la esperanza se auto retribuye:

En el fondo del
reservado,
o en ese
cuarto,
en este
club,
sonidos y signos
deliciosamente promiscuos
y
extasiantes:

Ésa, que si no es pagado afuera su envidiante salida temprana y
predecible y aparatosa y frecuente:
los camarines visita cada dos copas o algo, por los utensilios
de su artesanía,
tan a manos
tan en la cercanía, y no ahuyentar lo lejos:
llena de comprobantes el calcetín de sus botas
para el tiempo de la cuenta
exhausta.

No lo pierdas!

Ésa que taxistas pelean de amanecer incautos.
Ah, ésa por la que abandonó doncellas frías, y prudencias.

Son veinte mil. Todo incluido. Quédese.
¿Nos quedamos? ¿A dónde conduce el camino?

“¿No será mucho para ti? Te creíh la muerte”.
La vida y sus oasis escasos, su tributo poderoso,
a lo de sí probable,
señala que no hay otra.

  
  




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